Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 6.400 veces en 2015. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 5 viajes transportar tantas personas.

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¿Por qué es importante reescribir las reglas aunque aparentemente nadie las respete?

 

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“Exigimos actualizaciones anuales a nuestras computadoras, celulares, zapatos y demás,  ¿por qué entonces no podemos exigir lo mismo para nuestras calles?” 

Julia De Martini Day

Hace unos días viví un episodio bastante frustrante mientras iba en bici de mi casa al trabajo. Un agente de tránsito me abordó desde su auto para señalarme una serie de faltas que cometí mientras iba circulando: 1) me pasé un alto, 2) no iba circulando por la extrema derecha y 3) no traía casco. Todas efectivamente faltas señaladas en el Artículo 76 del Reglamento de Vialidad para el Municipio de Oaxaca vigente. Todos de paso, comentarios que he recibido de algunos amigos.

Me detuve para decirle que sí, que hice todo eso pero que había razones para ello y se las iba a explicar. Él bajo la velocidad del vehículo mientras señalaba mis faltas, me repitió una y otra vez que yo no estaba cumpliendo con el Reglamento, hizo un gesto de desapruebo hacia mi comportamiento y aceleró.

Un par de días antes platicando sobre la importancia de actualizar el Reglamento de Vialidad, me hicieron el comentario “pero qué caso tiene actualizar el Reglamento si de cualquier forma nadie respeta el actual”; mi respuesta inmediata fue “porque las reglas escritas están mal, porque no protegen al vulnerable y entonces ¿cuál es el sentido de hacer valer reglas que nos ponen en peligro al seguirlas?”

El caso del Reglamento de Vialidad de Oaxaca, como el de muchas otras ciudades del país, pone en evidencia la discordancia que existe entre los instrumentos normativos y los procesos de transformación que están viviendo nuestras ciudades. Hablando en particular de lo que sucede en la calle y las “otras” formas de transporte no motorizadas, que siempre han estado, pero que empiezan a hacerse evidentes reclamando el uso del espacio público, la situación se agrava pues es también un tema de seguridad.

Es comprensible que las reglas vigentes (en su momento formuladas en una realidad que no corresponde a la de ahora) tiendan a privilegiar a los autos particulares pues fueron pensadas en función de eficientar y agilizar el flujo de estos en la calle, subordinando a los demás usuarios. El tema es que la situación cambió, y así como en la práctica el uso de nuestras calles empieza a ser distinto, así también deberían reformularse las reglas atendiendo a esta nueva realidad.

¿Por qué me pasé el alto en una calle secundaria? Porque si no hay peatones esperando para cruzar la calle y no hay automovilistas, es posible actuar con precaución, mirar hacia ambos lados y pasar el alto para seguir el viaje en bici sin perder eficiencia. Sí, es una práctica común entre quienes nos movemos en bici. Y sí, algunos reglamentos del país ya lo permiten. En el texto ¿Por qué ahora está permitido que los ciclistas se pasen el rojo?, escrito a propósito del nuevo Reglamento de Tránsito del Distrito Federal, encontrarán la explicación completa de porqué está bien y debe ser legal permitir a los ciclistas hacer esto.

¿Por qué no iba circulando por la extrema derecha? Porque como ciclista el Reglamento no me da derecho a usar el carril completo, me exige circular por la extrema derecha y comportarme como un “accesorio” junto al automovilista como si todas las calles estuvieran diseñadas con un carril lo suficientemente ancho para permitir transitar a ambos de manera segura. ¿Qué pasa cuando debo circular por un carril angosto? ¿Respeto una regla obsoleta que no sólo me pone en peligro a mí sino también a la persona que va manejando junto a mí y posiblemente a quien va caminando en la banqueta? No, por mi seguridad y la de los demás uso el carril completo, aunque eso implique una falta al Reglamento.

¿Por qué no traía casco? Este último cuestionamiento es con certeza el que más escozor causa. La información que pueda proveer respecto a por qué el casco no debe ser de uso obligatorio, nunca es suficiente cuando se trata de explicar a los demás que el casco no es una medida de seguridad para el ciclista, sino un paliativo que busca disminuir, sin éxito por cierto, el impacto de los incidentes entre vehículos motorizados y ciclistas. El principio del uso del casco desvía por completo la atención sobre el riesgo que genera la velocidad a la que circulan los vehículos motorizados y el efecto que esa velocidad tiene en el momento de una colisión con un ciclista; trasladando así la responsabilidad al más vulnerable que, además, no es el que genera el factor de riesgo en la calle.

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Abordo estos ejemplos por ser las faltas más recurrentes en las que caemos muchas personas que nos movemos en bici en cualquier ciudad. Una revisión rápida al Reglamento de Oaxaca permite detectar otras inconsistencias que aplican no sólo a ciclistas, sino también a peatones, el sector más vulnerable en el espacio público; y que reflejan la posición de desventaja que tienen frente a otros usuarios de la calle, particularmente frente a los automovilistas.

Si bien la aplicación de reglamentos y el cumplimiento de los mismos son factores esenciales para construir una cultura vial que permita una convivencia segura en la calle, también lo son las reglas adecuadas y el diseño de la infraestructura. Nuestras calles se empiezan a usar de otra manera, lo que ha detonado un proceso de intervención y rediseño de algunas priorizando las necesidades de peatones, ciclistas y transporte público. ¿Por qué no entonces empezamos también a reescribir las reglas acordes a esta nueva realidad?