Utrecht en bici

Riding dutch style 💓 #Bici #Fietsen #GekkeUpe

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Hace unos días tuve oportunidad de asistir al 9o. Congreso de Ciclismo Urbano organizado por la Bicired que se celebró en la ciudad de Guadalajara. En uno de los espacios entre actividades tuve la oportunidad de tener una muy interesante e ilustrativa conversación con Inés Alveano, no recuerdo a detalle cómo iniciamos pero (obviamente) fue sobre bicis.

Intercambiamos impresiones de nuestras vivencias cotidianas, celular en mano conocimos las bicis que usamos de acuerdo a nuestras necesidades. Inés me mostró una maravillosa bici cargo donde lleva a sus hijos a la escuela, yo le enseñaba mi plegable sumamente útil para cuando salgo tarde del trabajo y no puedo hacer el viaje en bici por condiciones de inseguridad. Llegamos a un punto en donde tocamos el tema de la infraestructura y su importancia en la promoción de la bici como medio de transporte. Eventualmente intercambiamos impresiones sobre uno de los países que todo entusiasta de la bici tiene en mente cuando se habla de estos temas, Holanda.

En medio de la conversación, recordé una anécdota personal que viene a mi mente cuando intento explicar a alguien en qué momento entendí de qué se trata vivir con la bici como un medio de transporte habitual y que marcó mi forma de ver la bicicleta.

Holanda es un país que he tenido oportunidad de conocer como turista y por temporadas cortas como habitante. Utrecht, ciudad ubicada a 50 km de distancia de Ámsterdam, ha sido después de Oaxaca, mi casa. La primera vez que visité Holanda fue en el 2005, en ese momento no imaginé lo mucho que determinaría mi formación profesional en el futuro, conocer de forma tan personal Utrecht y cómo se desenvuelve la vida cotidiana, donde la bicicleta es una constante que viene en todos tamaños, colores y con un sinfín de aditamentos que en ese momento no imaginaba existían.

Durante mis visitas a Utrecht lo usual era salir en bici a cualquier lado, mercado, oficina, cine, centro, estación de tren, visitar a la familia y amigos. Al no tener bici propia, lo primero que tuve que aprender es esa extraña habilidad de caminar-correr despacio y saltar a la parrilla para sentarse en ella mientras la bici ya está en movimiento; habilidad que los holandeses parecen tener de nacimiento.

Entonces, era mi primer invierno en Utrecht, aún sin nieve pero con mucho frío, había que salir, me preparé, abrigo, guantes, gorro, bufanda, lista. Hasta ese momento la escena me parecía normal, recuerdo que incluso me divertía pensar se me iba a congelar la nariz. El clima empezó a cambiar, levemente se asomaba la nieve. Miraba por la ventana la calle Wittevrouwensingel (hasta la fecha impronunciable para mí) y el canal que rodea el centro histórico medieval pensando “qué mala suerte no podremos salir”. Pero no, el plan seguía, con cara de incredulidad argumenté “está helando afuera y empezó a nevar, no podemos salir en bici”. La respuesta “claro que podemos, prepárate mejor”.

Me cambié, reí mientras terminábamos de arreglar las cosas que además debíamos cargar en la bici. Empezó a nevar más, “ahora sí imposible, habrá que ir en auto” pensé. Miré de nuevo por la ventana y exclamé “yo así no salgo, nos vamos a congelar, nos vamos a caer de la bici, algo nos va a pasar”. La respuesta “claro que vamos a ir en bici, abrígate más, capas de ropa”. En este punto no entendía la lógica de salir en bici bajo esas condiciones de clima, yo que nunca había salido a todos lados en bici ¡y menos bajo la nieve! No sabía qué hacer, me parecía surrealista toda la escena.

Salimos, chamarra, guantes, gorro, bufanda, capucha en cabeza y bolsas cargando, si ¡bolsas cargando en bici, nevando! Acto seguido debía maniobrar y saltar cual Robotina (gracias a las capas de ropa) con las bolsas, para sentarme en la parrilla. Lo logré, salimos bajo la nieve. Pedaleamos, bueno en realidad yo no pero me gusta pensar que el esfuerzo de ir cargando bolsas y dada mi condición de mexicana inexperta contó para algo.

Toda la escena no duró más de media hora. Media hora que fue suficiente para determinar en adelante, mi forma de ver la bicicleta como medio de transporte.

Nada nos pasó como yo temía, gracias a la pericia de Upe (mi ciclista holandés profesional) y por supuesto a la maravillosa infraestructura holandesa. Infraestructura que permite salir incluso en las condiciones climáticas más desfavorables y hacer que moverse en bici siga siendo seguro sin tener que preocuparse de pavimentos peligrosos, charcos, baches, salpicadas de autos, cruces inseguros o automovilistas desesperados por el clima.

Hace un par de meses en medio de una conversación con Upe le dije que los holandeses llevan la bici en el ADN, me hizo ver que no, que a nosotros nos gusta pensar eso pero que no es así, que no siempre fue así, que hace 50 años esas ciudades llenas de bicis que ahora conocemos no existían, que tuvieron que trabajar mucho para llegar a ello. En particular algunos de los grandes cambios en Utrecht se pueden ver en este vídeo.

Platicando con Inés le contaba estas historias. Hacia la reflexión sobre la gran ventaja que para mi significa tener la opción de moverme en bici al trabajo en Oaxaca, gracias a que la mitad de mi trayecto es posible hacerlo en infraestructura segregada, que no siempre uso, pero que al final de cuentas está ahí y eso hace que mi decisión de moverme en bici tenga por lo menos una opción segura. Opción que la gran mayoría de la población no tiene, lo tengo claro.

Tengo claro también, que de contar con más y mejor infraestructura para el uso de la bici como medio de transporte, las calles de Oaxaca y de muchas otras ciudades en México tendrían tantas bicis como las de Utrecht.

Es cuestión de que como ellos, sigamos trabajando para que algún día así sea.

Si a alguien le interesa conocer más sobre la infraestructura ciclista en Utrecht, el Blog Bicycle Dutch  tiene una serie de videos ilustrativos que se pueden ver en este link.