Lecciones de Calles Compartidas en tres actos

Calle Aldama, Barrio de Jalatlaco, Oaxaca / Foto de Luis Alonso

 

Primer Acto

En el Barrio de Xochimilco en el Centro Histórico de Oaxaca aparece un extraño y poco amable balizamiento que cual escenario de Dogville, intenta delimitar en el espacio público las zonas por las que los distintos usuarios de la calle deben moverse o utilizar. El balizamiento establece una clara segregación que intenta moldear los hábitos de quienes ahí transitan en el entendido de que estos no han sabido comportarse, y que este comportamiento errático, tiene como origen la nula claridad sobre qué zona le corresponde a cada uno de ellos, así como la falta de respeto para con el espacio del otro.

Oaxaca es de las pocas ciudades en México que aún tiene en sus barrios originales dinámicas de Calles Compartidas, espacios que no necesitan segregarse para funcionar y ser seguros para quienes los usan. Calles que por su entorno y características espaciales, incentivan bajas velocidades en los vehículos motorizados. La no-segregación es justamente lo que permite que las personas a pie, en bici o en automóvil puedan compartir sin que el vehículo motorizado signifique un riesgo para los otros dos. Dinámicas que permiten ver y vivir el espacio público como un lugar para estar y no sólo de tránsito.

Dotar a estas calles de elementos visuales o dispositivos que claramente establecen una segregación genera una idea errónea, en donde si alguno de estos usuarios rebasa el límite asignado, el otro lo asumirá como una invasión. Claramente no entendemos la dinámica de estas calles que no necesitan, ni han necesitado segregación porque el espacio es de todos y se negocía, y así ha sido durante siglos. Intentar generar una zonificación que “moldee mejores comportamientos” es inútil, además de ser una solución agresiva para con la imagen urbana.

Porque no, no todas las calles funcionan igual. Y no, no todas necesitan que exista el fantasma de una banqueta para permitir una buena convivencia entre los distintos usuarios.

 

Segundo Acto

Ben Hamilton-Baillie, reconocido urbanista a nivel mundial por su trabajo en el concepto de Shared Space o Calles Compartidas visitó Oaxaca y nos lo hizo saber a través de sus redes sociales. Mediante una serie de fotos de algunas de las calles del Centro Histórico de Oaxaca, celebra lo agradable del uso compartido de esas calles haciendo alusión a lo atractiva que eso vuelve a la ciudad.

Ben Hamilton se describe a sí mismo como “diseñador de calles y defensor del espacio compartido, interesado en reducir velocidades, la seguridad vial y la promoción de la civilidad”. No resta mucho por decir. Su trabajo en la promoción de calles diseñadas bajo el principio de espacio compartido es reconocido a nivel mundial y ha destacado por romper uno de los paradigmas vigentes en el diseño urbano, la segregación de los distintos usuarios para proveer de seguridad en las calles.

El principio del espacio compartido establece en términos generales que, a menor presencia de dispositivos de control de tráfico convencionales y señalización en la calle, mayor será la seguridad en el espacio público. ¿Cómo es esto posible? Cuando eliminamos los elementos que nos generan comportamientos condicionados como los semáforos, los topes, las señales verticales, etc., empezamos a observar a nuestro alrededor, no asumimos; tenemos que realizar el ejercicio de estar alerta, observar, negociar el espacio que estamos compartiendo con otros, tomar ciertas precauciones que nos permitan convivir con los demás sin que seamos o los demás sean un riesgo.

¿Cuántas veces nos ha pasado que al llegar a una intersección donde los semáforos están descompuestos o apagados tenemos que tomarnos un minuto para observar lo que sucede a nuestro alrededor y evaluar la situación para decidir nuestro proceder? Ese momento en el que analizamos la situación a nuestro alrededor nos acerca un poco más a una mejor convivencia. De ahí la civilidad de la que habla Ben Hamilton cuando se describe a sí mismo.

 

Tercer Acto

Como parte de las “mejoras” descritas en el Primer Acto, en el Barrio de Xochimilco aparece una reja en el acceso a una rampa que fue colocada con la intención de inhibir o moldear los comportamientos erráticos de algunos usuarios.

Aparentemente la rampa que existe para facilitar el paso de peatones y librar una diferencia de nivel entre los paramentos de las casas y el nivel de la calle, era utilizada por motocicletas y la solución más “lógica” fue bloquear el paso para todos los usuarios, incluidos aquellos para los que inicialmente existe la rampa.

Más allá de la segregación que esto significa, la reja se impone como una barrera en el espacio público que es de todos. Colocar una reja es una forma de coartar el derecho al libre tránsito. Si bien el hecho de que las motocicletas transiten por esta rampa genera cierto nivel de riesgo para los peatones, claramente colocar una reja no es la mejor solución. El comportamiento errático de los motociclistas responde a una necesidad de moverse entre las calles de distintos niveles por el camino más corto y es lo que de origen, ocasiona el conflicto entre los usuarios. Eso es lo que hay que resolver, proveer opciones para todos, no rejas para todos.

Pienso en la gran cantidad de andadores peatonales que existen en algunas comunas de Medellín asentadas en zonas con pendientes pronunciadas y en donde una de las pocas formas de moverse para subir y bajar es con motocicletas. Peatones y motociclistas conviven y usan estas rampas-andadores de forma compartida. Tomando las precauciones necesarias que reduzcan considerablemente la velocidad del vehículo motorizado es posible lograr un cierto nivel de convivencia sin generar barreras.

 

CONCLUSIONES:

1. No todo se resuelve segregando, existen dinámicas de calles donde el uso común del espacio público es lo que las vuelve seguras para todos. A menor cantidad de dispositivos, mayor la seguridad.

2. Oaxaca es una ciudad que tiene una gran cantidad de calles que funcionan bajo el principio   de espacio compartido. Sería bueno que nos fuéramos dando cuenta de ello sin necesidad de que Ben Hamilton venga a decírnoslo. Aunque confieso lo valioso que me parece el mayor exponente en el tema celebre las calles de Oaxaca. También sería bueno que empezáramos un proceso de intervención de esas calles para dignificar las condiciones bajo las que se mueven ciertos usuarios, principalmente los peatones.

3. Crear barreras en el espacio público para inhibir ciertos comportamientos es una forma fácil de ignorar las necesidades de ciertos usuarios pero no una solución efectiva. Mejor pensar en promover soluciones que tomen en cuenta las necesidades de todos, incluídos los motociclistas.

Para los interesados en conocer más sobre las #CallesCompartidas, dérive LAB desarrolló el primer manual en español que es posible descargar de forma gratuita en su página web http://derivelab.org/

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