En el parque motos estacionadas si, niños jugando no

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A menudo, cuando necesito ir al centro de Xalapa y lo hago en bicicleta, uno de los biciestacionamientos que utilizo con más frecuencia es el ubicado en el Parque Juárez sobre la banqueta de la Av. Enríquez, esto porque en general es el que más condiciones de seguridad ofrece. Sin embargo, se ha vuelto una escena común encontrar motos estacionadas en él, punto en contra respecto a la seguridad.

La escena se repite cotidianamente sin que hasta la fecha la autoridad correspondiente regularice la situación. Y, aunque la invasión de motos en estacionamientos para bicis no es un problema exclusivo de esta ciudad, en este caso, también se trata de la invasión de vehículos motorizados a un área que es de tránsito exclusivo peatonal.

El Parque Juárez es uno de los espacios públicos más representativos de Xalapa, jardín histórico ubicado en el centro de la ciudad sobre Av. Enríquez, enmarcado por una serie de edificios como el Palacio de Gobierno, el Palacio Municipal, la Catedral, la Biblioteca Carlos Fuentes, entre otros.

Es un punto de referencia para el encuentro, el descanso, la recreación, el disfrute del arte urbano; lugar ideal para sentarse a leer el periódico mientras bolean los zapatos, para cruzarlo a pie y asistir a la proyección de una película o ver una exposición en el Ágora, para ir a tomar un café, a comer unos churros, o simplemente sentarse a descansar bajo la sombra de los árboles. Es pues, uno de los espacios públicos más concurridos de la ciudad con un intenso tránsito peatonal a todas horas del día.

Hace unos meses, la administración municipal realizó una serie de intervenciones para mejorar su imagen. Entre ellas: el reordenamiento del comercio informal, iluminación, limpieza, mejoramiento de jardinería, colocación de biciestacionamientos y se habilitó un área de juegos infantiles.

A raíz de la implementación del proyecto, la sociedad civil lanzó un llamado a las autoridades con el fin de socializarlo. En particular la construcción de un elemento lúdico-escultórico como zona de juego para niños, se convirtió en el tema central debido a que atentaba contra el Patrimonio Histórico. Fue notable el esfuerzo encaminado en demandar el retiro de este, posición que se mantuvo activa varios meses, con una fuerte presencia en redes sociales y medios de comunicación, concluyendo en una clausura simbólica de la obra.

Sin afán de desestimar la validez del reclamo ciudadano sobre las intervenciones que se realizan en el espacio público, llama la atención el contraste de dos situaciones que ocurrieron al mismo tiempo, en el mismo espacio: la construcción de una zona de juegos, duramente criticada; y, la colocación de un biciestacionamiento en la banqueta y la habilitación de un estacionamiento para motos dentro del parque, hasta ahora aparentemente desapercibidas.

Previo al mejoramiento del parque, existía un estacionamiento para bicis constantemente invadido por motos. Como parte del mejoramiento, se cambió el uso de esa infraestructura, destinándola oficialmente al uso de motos y se colocó un biciestacionamiento nuevo en la banqueta. El resultado sigue siendo el mismo, los motociclistas invaden el biciestacionamiento nuevo a pesar de tener uno propio. Peor aún, sin la presencia de autoridad que aplique la sanción correspondiente, la banqueta se ha convertido en estacionamiento y carril de ascenso y descenso de motos; y este espacio e infraestructura ganados para la bicicleta, empieza a deteriorarse y perder su función.

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Sobra decir que los que más salen perdiendo ante esta situación son los peatones quienes quedan expuestos a este movimiento de entrada y salida de motos a lo largo de la sección de la banqueta donde se ubica el biciestacionamiento, y que se prolonga al punto donde se encuentra el “acceso” del motoestacionamiento ubicado al interior del parque.

A esto, sumémosle que el mencionado estacionamiento de motos, invita deliberadamente a entrar con un vehículo motorizado a una zona de recreación, juego y descanso para peatones. Permitir el acceso de vehículos motorizados a una zona cuya función es precisamente el tránsito exclusivo de personas genera condiciones de inseguridad y riesgo para estas últimas.

Aunque el valor, uso y disfrute del espacio público no es determinado solo por sus características históricas, pareciera ser que la defensa de un sitio patrimonial atiende solo a este principio, ignorando el valor social que los distintos usuarios le confieren; sean niños que requieren una zona específica de convivencia y juegos, o transeúntes que circulan por ahí y requieren de infraestructura adecuada para hacerlo de manera cómoda y segura.

Habrá pues que revisar nuestras prioridades.

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